La imaginación al poder


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EL PODER DE LA IMAGINACION

Cuando presenté mi nombre a consideración de los tulueños como candidato a la Alcaldía en enero de 1988 estaba seguro que corría un grave riesgo, pero consciente de que a los intelectuales nos está obligado adoptar posiciones activas cuando los países sufren graves crisis, asumí esos riesgos sin más herramientas que mi imaginación y mi entusiasmo, seguro de aportarle a mi pueblo y a Colombia un ejemplo de lo que podía hacerse.

He librado una feroz batalla contra el desorden. He hundido las manos de la honestidad y la honradez en todos los huecos y recovecos viciados de años y lustros de corrupción. He conseguido la satisfacción de demostrar que todavía en Colombia se puede gobernar sin atender primero a los porcentajes de tradición que la corrupción exige en las relaciones entre contratados y contratantes. El escaso dinero de un Municipio temeroso de pagar impuestos ha rendido. Peso que se nos entregó, peso que el pueblo entero vio cómo lo invertimos o cómo tuvimos que gastarlo.

Ha sido una labor difícil pero fructífera. Ella es fruto de muchas voluntades. De muchos colaboradores de mi Administración que entendieron lo que significa romper el cerco de la corrupción y los métodos viciados que heredaron del pasado.

Quizás en otras circunstancias habríamos podido dejar otra huella. Con la marca del orden y de la eficiencia intentamos construir la huella para que futuras Administraciones trabajen por Tuluá pensando en Tuluá y en su porvenir. Levantamos obras serias, que sirven y servirán para toda la comunidad, no sólo para los dueños de los votos, como era vieja costumbre.

Se pensó en un Tuluá del futuro. Se implementó un Plan de Desarrollo. Se construyeron las bases para un desarrollo armónico, planificado.

Muy probablemente la valoración exacta de lo que hicimos como cabezas de una Administración como la que hoy concluimos no se reconocida si no con el paso de los años. Espero pacientemente ese juicio mientras me lleno de esperanza con el futuro de mi pueblo.

Los escritos recogidos hoy aquí hicieron parte del oficio de Alcalde, fueron la herramienta del escritor que he sido, que seguiré siendo por encima de cualquier otra cosa. Son, entonces, el testimonio fiel de una gestión, de un pensamiento, del poder de la imaginación.

Tuluá, 31 de mayo de 1990

GUSTAVO ÁLVAREZ GARDEAZÁBAL